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domingo, 26 de junio de 2011

Las Misiones Jesuíticas de Córdoba y las Plantas

La Compañía de Jesús, orden fundada por Ignacio de Loyola, fue de suma importancia para el desarrollo de la provincia de Córdoba (Argentina). En el lapso comprendido entre 1599, año de la llegada de los Jesuitas a Córdoba, y 1767, cuando se produce la expulsión de la orden por el rey Carlos III de España, la Compañía de Jesús estableció un sistema cultural-social especial en América. El sistema, centrado en la Ciudad de Córdoba, se organizó alrededor de las empresas educativas y espirituales de la Compañía, dando origen  al Colegio Máximo en 1610, a la  Universidad en 1622, al Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat en 1687 y al Noviciado, que son los puntos destacados de lo que se conoce como "Manzana Jesuítica". Las estancias originalmente fueron establecidas con fines económicos para que su producción colaborara al mantenimiento de los colegios. Los indígenas que trabajaban en ellas recibían, obviamente, la evangelización correspondiente que era uno de los objetivos de la orden en América. Las estancias fueron Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1642), La Candelaria (en 1678) y San Ignacio (1725). La Candelaria también recibió el aporte de los negros que eran traídos de Buernos Aires. Estos establecimientos rurales del siglo XVII, junto a la Manzana Jesuítica de la ciudad de Córdoba, todos monumentos históricos nacionales, fueron declarados Patrimonio Cultural de la Humanidad, en el año 2000 por la UNESCO.
Iglesia de la Compañía de Jesús


Colegio Monserrat

En el transcurso de varios años he tenido la suerte de recorrer y visitar todas ellas. Mis viajes tuvieron como objetivo investigar el conocimiento adquirido por la orden en referencia a la etnobotánica. Esta disciplina de la botánica es la base de la farmacología mundial. A través de ella se establecen los conocimientos de los pueblos originarios en relación a la cura de enfermedades con plantas. En este sentido, los jesuitas aplicaron medicinas curativas precolombinas de nuestros aborígenes y las fusionaron con el conocimiento europeo del siglo XVII.
Caroya



Deseo compartir con ustedes algunos relatos y observaciones que he podido recavar en mis viajes. El sacerdote jesuita Segismundo Asperger fue llamado el “médico de Hungría”, porque primero se recibió de médico y luego inició sus estudios en un seminario jesuita en Hungría. Llegó a Buenos Aires en 1717, fue profesor en la universidad de Córdoba hasta 1726 y luego se trasladó a la reducción india en Paraguay para combatir, exitosamente, una epidemia de peste. En la opinión de sus superiores, sin su acción curadora la mitad de los indios de la reducción hubiera perecido en la epidemia.
Jesús María

Asperger investigó las hierbas y plantas de la zona y preparó en su propio laboratorio más de 100 recetas de herboristería, en base a hierbas medicinales que él mismo descubrió. Estas recetas fueron editadas bajo el nombre “Códice Misionero”, un capítulo importante de la temprana historia de medicina rioplatense. Una de ellas usaba la algarroba con grasa de chivato y sal para curar las quebraduras de hueso. Su cálido humanismo se manifestó en el hecho que distribuyó sus recetas generosamente en todos los lugares a los cuales visitó. Asperger fue el único sacerdote jesuita quien no fue expulsado en 1767, o por su edad avanzada o por presión de la opinión pública y murió en Loreto en su laboratorio entre sus indios fieles amados en 1773.
Casa Obispo Mercadillo XVIII

La “yerba mate” Ilex paraguariensis (Aquifoliáceas). Los jesuitas la producían en Paraguay y se repartía en mula a todas las estancias jesuíticas. En Europa fue introducida como infusión y se conocía como “té jesuita”.  Asperger relata “la yerba tomada en infusión por los indios es refrescante y astringente. El exceso produce ansiedad al corazón y saca el sueño”. Esto último explica los efectos estimulates de la mateína.

La Candelaria

La quina es la corteza desecada de algunas especies de plantas de género Cinchona pubescens (Rubiáceas). Sus propiedades terapéuticas eran conocidas por los incas y lo que determinó su ingreso a las farmacopeas de Europa occidental fue la cura, mediante su utilización, del paludismo de la condesa de Chinchón. La corteza de la chinchona, desecada y pulverizada, fue introducida en España por los jesuitas: se la conoció como polvo de los jesuitas o, polvo de la condesa y, entre 1640 y 1660, fue difundida en España, Francia, Italia e Inglaterra. En este último país fue utilizada para combatir el paludismo (una de las enfermedades de más gravitación en ese momento) -por Thomas Sydenham (1624-1689).

Alta Gracia
Santa Catalina

 

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